Ayer celebramos una pequeña fiesta, a modo de inauguración, con la familia y un puñado de buenos amigos.
Comimos y bebimos en buena compañía, y compartimos un momento de alegría entre bocado y bocado, el tintinear de los brindis y el murmullo de la animada charla que inevitablemente produce el reencuentro de los viejos amigos.
El ambiente estuvo perfecto, cargado de sonrisas y abrazos, de buenos deseos, y de guiños y miradas de complicidad que nos hicieron sentir mucho más especiales de lo que seguramente somos, y que recargaron a tope nuestra carga vital positiva.
Fueron unas horas maravillosas.
Mil gracias.